El Zurriburri

"La revista digital del Manrique cultural"

Zurriburri Nº 0041. El secreto de Margaret.

(jueves 7 de mayo de 2020)

 La familia Green vivía en una pequeña cabaña a las afueras de Portland, era una zona húmeda y no muy habitada, pero Margaret siempre había vivido en aquella ciudad y la tenía mucho cariño. Margaret cuidaba de sus dos nietos, Hannah, una niña de 10 años con unos largos tirabuzones rubios en el pelo y grandes ojos verdes que reflejaban lo despierta que era  y su hermano pequeño Harry, con tres años menos que su hermana,  era risueño, alegre y despreocupado. Ambos adoraban hacer galletas, pintar y tocar el piano todas las tardes después del colegio, pero su día favorito era el Miércoles, pues era el único día que no había clase y se pasaban el día jugando a juegos. 

 Invierno era la época favorita de Harry, porque su cumpleaños era  un día antes de Navidad, el 24 de Julio, además el mes de Julio casi todos los días había suficiente nieve en el patio del colegio para hacer muñecos nieve. 

 Cuando los dos hermanos se despertaron un miércoles, 14 de julio de 2287, Hannah y Harry, pensaban que sería un día más, como cualquier otro día de invierno. Esa tarde se encontraban en el salón de su casa jugando a la última edición de su videojuego favorito, cuando Hannah se negó a jugar una partida más, entonces Margaret propuso un juego innovador para los niños, no había tablero, ni cartas y tampoco hacía falta fichas, tan solo necesitaban un poco de su poderosa imaginación. Este juego consistía en imaginar un mundo diferente, el que ellos quisiesen, podía tener el cielo rosa, caer golosinas de las nubes y los perros podrían emigrar del norte al sur volando, todo dependía de ellos. 

 Hannah y Harry siempre pasaban las tardes con Miriam, Nathalie, John y Liam. Los seis iban todos juntos al colegio y tenían la energía suficiente para pasar todo el día fuera de casa, eran jóvenes y tenían muchos sueños que querían cumplir. Miriam quería ser arquitecta; Harry tenía claro que ser probador de camas profesional era su vocación y además, sabía que se le daría muy bien; Nathalie quería ser astronauta y poder pisar la luna; Liam soñaba con vivir en un campo muy grande y tener un pequeño huerto con fresas; John quería vivir en La Casa Blanca y Hannah no quería trabajar, ella era la más intrépida de los seis y su sueño era ver un elefante, pese a que el último elefante había sido visto por un turista en Thailandia alrededor de 150 años atrás. 

 Aquella tarde los seis se convirtieron su mundo en un escenario de época medieval. Naturalmente, como todo reino medieval, necesitaban un castillo, y su primera obligación fue crear un fuerte en el que darse festines y organizar bailes después de sus numerosos triunfos. Liam pensó en usar la caseta del árbol del señor Finch, pero sus compañeros lo descartaron recordándole el mal carácter del anciano; Harry pensó en usar la bodega de su amiga Greta, pero fue entonces cuando Nathalie tuvo la maravillosa idea de dirigirse a la biblioteca municipal de la ciudad. 

 Frente aquella puerta blindada de tres metros de altura un escalofrío les recorrió todo el cuerpo. Los seis se plantearon irse a casa, nunca se habían adentrado en aquella biblioteca, era un lugar prohibido para los niños, solo las personas mayores de noventa años podían cruzar sus puertas. Margaret les había descrito cientos de veces aquel lugar, el aspecto que tenía el interior de la biblioteca era lo único que podía compartir con sus curiosos nietos, todas las demás preguntas quedaban siempre en el aire. 

 Desde hace siete generaciones las autoridades del estado habían infundido el miedo en los habitantes respecto a ese lugar, ni siquiera las personas a las  que les estaba permitido, querían entrar, habían pasado noventa años de su vida sin entrar a ese edificio y preferían vivir en la ignorancia. La única persona que cruzaba aquellas puertas era Margaret, que solía visitar la biblioteca durante dos horas a las 7 de la tarde.

 Eran las nueve menos cinco de la noche y su abuela Margaret no tardaría en cerrar la biblioteca; fue entonces cuando en menos de 4 minutos y 10 segundos se pusieron de acuerdo para distraer a Margaret mientras el pequeño Harry cogía las llaves que abrían la puerta trasera de la biblioteca del bolso de su abuelita. A las nueve en punto estaban dentro, era tal y como lo había descrito su abuela: era grande, lúgubre, fría, con pequeñas lámparas antiguas sobre cada uno de los escritorios de madera caoba, amplias estanterías con miles de libros que cubrían todas la paredes, pero lo que más llamaba la atención en un escritorio que estaba apartado del resto, este era especialmente intrigante, tenía la madera en perfecto estado, y un cajón con una inscripción en color dorado que decía “El Secreto de  Margaret”.

 Antes de abrir ese  cajón del escritorio de Margaret no se pararon a pensar que si aquel lugar estaba prohibido para la mayoría de los ciudadanos era por una razón de peso, y ese cajón, tenía la respuesta a todas sus preguntas.  Hannah, que era la líder del grupo y la más valiente tiro del cajón hacia sí lentamente, la niña abría cada vez más y más sus expresivos ojos al ver esa cantidad de fotos antiguas: “Verano 2010 Sidney”, “Otoño 2002 cumpleaños en el acuario” “Río de Janeiro 2015”, “Río Amazonas 2015”, “Tucán Amazonas 2015”, “Verano Cannes 2035”, “18 cumpleaños de Emily”, “Navidad, 25-Diciembre 2055”, “Kyoto abril 2016”, “Galicia 2019”, “Agosto Mykonos 2020”, “Nueva York 2001” “Tigre de Vengala Sudáfrica 2027”, “Elefante Chang Tailandia 2014”.                                                    

   Hannah y sus amigos no podían creer lo que veían, eran imágenes de hace más de doscientos años, y entonces el mundo era totalmente diferente a donde ellos vivían. Los elefantes no eran criaturas mitológicas; existían unos animales llamados canguros y otros que parecían peluches llamados koalas; la selva del Amazonas era una selva tropical que abarcaba parte de nueve diferentes países; antes en Agosto la gente iba a la playa y la Navidad se celebraba en lo que nosotros llamamos ahora verano; el mar estaba limpio y se podía nadar en él y existían criaturas llamadas peces y moluscos; aquellas torres en frente de nuestras casas eran antes un bosque; en verano no tenían prohibido salir a la calle porque hiciera demasiado calor; la gente no tenía que salir a la calle con mascarilla; pero, la foto que captó la atención de Harry era la más extraña de todas, “Glaciares Antártida 1995”.                                             

   Corrieron de vuelta a su casa con aquellas fotos entres sus manos. Margaret no tuvo más remedio que contarles la verdad, aquellas fotos las hicieron su tatarabuelos Antón y Selena que eran fotógrafos profesionales y tenían la oportunidad de viajar por todo el mundo viendo las cosas más  maravillosas de la naturaleza. Esas fotos estaban guardadas allí porque era el único sitio de los Estos Unidos donde aún se guardaban libros, revistas, fotos, películas y documentales antiguos.                   

  El gobierno no quería que nadie supiera de aquellos recuerdos que traían cientos de preguntas y quebraderos de cabeza, solo aquellas personas que siguieran vivas después de los noventa podían llegar a conocer la vida que habían tenido sus ancestros, debido a su avanzada edad solo ellos eran capaces de comprender que si aquellos secretos salían a la luz no traería nada bueno para la sociedad; habría grandes revueltas, violencia, depresión, angustia y arrepentimiento, todo por algo que ya no se podía cambiar de ninguna manera, no había vuelta atrás, ni forma de recuperar el mundo que habían destrozado sus antepasados. 

 -Harry, Hannah!  En menos de 10 minutos tenéis que coger el autobús, a ver si por una vez no llegáis tarde a clase

- Grita Margaret desde la cocina.

 -Sí, sí ya vamos abuela. Bueno Harry, como ves mi mundo era mucho más raro que el tuyo, así que gano yo.

- Le dice Hannah a su hermano mientras baja las escaleras. 

-No, no es así Hannah tu mundo no es posible, invierno no puede ser en Julio y en Agosto no puede nevar, así que como mi mundo era el más creíble esta vez he ganado yo.

- Le reprocha Harry a su hermana mientras se mete en la boca la última cucharada de cereales. 

 -Siendo más creíble o menos tiene más posibilidades el mundo que se ha inventado Hannah a un mundo donde los pitufos te cantan el cumpleaños feliz cuando cumples los 50. Ya lo veremos con el paso de los años, si es que no lo mantienen en secreto, pero mientras tanto ponte los zapatos y corre al autobús.

- Le dice Margaret a Harry. 

Autora: Elena Guerrero, alumna de 2º de Bachillerato C. Ha obtenido accésit en el Concurso Literario 2019-20, modalidad de Bachillerato, organizado por el Departamento de Lengua y Literatura.

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