El Zurriburri

"La revista digital del Manrique cultural"

Zurriburri Nº 0042. La COVID-19 y su miedo a las mujeres.

(domingo 24 de mayo de 2020)

Llevamos ya meses conviviendo con él (o con ella, pues depende de quién hable le otorga el género femenino o el masculino) y, aunque despacito, como su evolución en nuestro organismo, vamos conociéndole un poquito más.

Parece que somos nosotras las que mejor “gobernamos” a este nuevo coronavirus. No sólo por que tengamos menos enzimas ACE2 que parecen ser la puerta de entrada que utiliza para atacarnos, sino porque los países gobernados por mujeres (tan sólo un 7% del mundo) se encuentran entre los que mejor han gestionado esta crisis y han logrado minimizar la letalidad de este terrible virus.

Veamos algunos ejemplos y las claves de su éxito frente a la pandemia:

CIFRAS DE FALLECIDOS POR COVID-19 (18 de mayo 2020)

ALEMANIA

8000

DINAMARCA

548

FINLANDIA

300

NORUEGA

233

NUEVA ZELANDA

21

ISLANDIA

10

TAIWAN

7

 

1. Alemania

Mandó hacer tests a la población antes que otras naciones del mundo. El resultado es que la tasa de letalidad en Alemania es mucho más baja que la de sus vecinos europeos. Así, la tasa de letalidad (calculada dividiendo el número de muertos entre el número de afectados y multiplicando por 100) en Alemania es del 4%, mientras que en Italia es del 14% y en España del 12%.

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Angela Merkel, Primera Ministra de Alemania. (Foto: Armin Linnartz, Wikimedia  Commons)

Alemania también ha contado con el tiempo a su favor, ya que los primeros casos se detectaron dos o tres semanas antes que en algunos de sus países vecinos, lo que permitió a las autoridades tomar medidas para combatir la pandemia.

Y fue allí donde incorporaron las pruebas de diagnóstico.

“El amplio alcance de los exámenes nos ha permitido identificar la epidemia desde una etapa muy temprana y eso nos ha servido para trabajar sobre ella”, había explicado Lothar H. Wieler, director del Instituto Robert Koch.

Los números parecen apoyar su estrategia: el Instituto Koch detalló a BBC Mundo que Alemania tiene la capacidad de realizar 160.000 exámenes de diagnóstico por semana.

En Corea del Sur -país que ha sido puesto como un ejemplo por los expertos por su capacidad de llevar a cabo pruebas entre la población- se realizan cerca de 70.000 exámenes por semana, menos que en Alemania.

Otro factor que influye en la baja tasa de mortalidad del coronavirus en Alemania es que una gran parte de los contagiados son personas jóvenes, que no sufren los efectos de la enfermedad de la misma manera que la población de mayor edad.

2. Dinamarca

Si nos remontamos a agosto de 1952 era otra enfermedad la que mataba de insuficiencia respiratoria a miles de pacientes: la poliomielitis.

Pese a contar con 500 camas en la época, los médicos y las enfermeras del hospital Blegdam en Copenhague, Dinamarca, estaban desbordados y se veían incapaces de ayudar. A mediados del siglo pasado, Copenhague fue el epicentro de una de las peores epidemias de poliomielitis que el mundo haya visto.

En las primeras semanas de la epidemia, murió el 87% de las personas con polio bulbar o bulboespinal, en las que el virus ataca el tronco encefálico o los nervios que controlan la respiración. Alrededor de la mitad eran niños.

Pero un doctor cambió el rumbo de la situación y de la medicina moderna: Bjørn Aage Ibsen, un anestesista danés que había desarrollado parte de su carrera en Boston, Estados Unidos.

Su forma de afrontar la crisis sanitaria danesa, con respiradores y personal especializado, salvó innumerables vidas en el hospital Blegdam de Copenague.

Fue entonces cuando los doctores se dieron cuenta de que la especialización del personal, la organización de los pacientes en salas específicas y la vigilancia habían sido claves en la recuperación de los enfermos.

Al año siguiente, el hospital Blegdam estableció la primera unidad de cuidados intensivos que replicaron en el resto del mundo.

Hoy, casi 70 años después, en la pandemia del COVID-19 las camas en las UCI y los respiradores siguen siendo un quebradero de cabeza para los gobiernos que no cuentan con el número suficiente para atender a todos los enfermos que necesitan de este tipo de cuidados.

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Helle Thorning-Schmidt, Primera Ministra de Dinamarca. (Foto: Johannes Jansson, Wikimedia Commons)

Algunos medios, como el canal francés France 24, hablan de Dinamarca como la "excepción europea" del coronavirus.

La socialdemócrata danesa y exministra de Justicia Mette Frederiksen, quien ocupa el cargo de primera ministra del país desde 2019, también reaccionó con prontitud, cerrando fronteras antes que sus vecinos.

También llamó la atención una breve conferencia de prensa -de tan solo tres minutos- en la que la mandataria respondió a preguntas de niños y niñas del país, siguiendo el ejemplo de Noruega. Poco después, también el doctor Fernando Simón se uniría a esta iniciativa en nuestro país.

3. Finlandia

Dicen que es el país más feliz del planeta. Y quizá también, uno de los más previsores. Finlandia enfrentó lo primeros días la crisis del coronavirus con su primera ministra, Sanna Marin (con 34 años, la mandataria más joven del mundo), en aislamiento. La líder socialdemócrata estuvo confinada en su residencia oficial como medida preventiva, tras saberse que había estado en contacto con una persona infectada. 

En Finlandia, un país con 5,5 millones de habitantes, no han faltado mascarillas, batas sanitarias ni respiradores. Durante décadas, desde la Guerra Fría, el país nórdico ha acumulado material sanitario en almacenes secretos ocultos en distintas zonas de su territorio. Ahora, con la pandemia, por primera vez en tiempos de paz el Gobierno ha echado mano de ese stock. Cuando el número de contagios se disparó, el Ministerio de Salud y Acción Social ordenó que el material protector acumulado fuera distribuido en los hospitales. Esa red es única en Europa. Y a ella se suman otras reservas (de crudo, materias primas...).

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Sanna Marin, Primera Ministra de Finlandia. (Foto: Laura Kotila, Wikimedia Commons)

Finlandia parece llevar en su ADN el gen de la previsión. Como si el país nórdico estuviera siempre preparado para lo peor.

4. Islandia

Su primera ministra Katrín Jakobsdóttir, quien además es presidenta del Movimiento de Izquierda-Verde, ofreció pruebas gratuitas para detectar el nuevo coronavirus a todos los ciudadanos.

Es lo que aconseja la Organización Mundial de la Salud (OMS): "Pruebas, pruebas y más pruebas".

La nación insular también estableció un sistema para localizar y aislar a los contagiados, evitando incluso cerrar escuelas.

¿Será Islandia el primer país europeo en ganarle la partida al coronavirus? Las estadísticas son alentadoras para la isla del Atlántico norte, que se acerca ya a las tres semanas sin ningún muerto por COVID-19 y que en los últimos siete días ha registrado sólo tres casos nuevos. Desde que se detectó el primer contagio el 28 de febrero, Islandia, con 364.000 habitantes, ha contabilizado 1.801 positivos, de los que 1.765 ya están oficialmente recuperados. Sólo ha habido diez muertos (el último el 19 de abril), y sólo quedan tres pacientes hospitalizados, ninguno de ellos en cuidados intensivos.

Las cifras indican que Islandia ha logrado noquear al virus y confirman la efectividad de su estrategia basada en tests masivos. Este país lidera el ranking mundial de tests por millón de habitantes, un 15% de los islandeses ha tenido acceso a una prueba de detección. Esto ha permitido a las autoridades controlar y contener la propagación de la epidemia. “Desde el principio decidimos que seríamos muy agresivos en hacer tests, aislar a los infectados y rastrear y poner en cuarentena a sus contactos. Sumado a las restricciones y al comportamiento de nuestra comunidad ha sido un éxito”, afirma el epidemiólogo jefe de Islandia, Thorolfur Gudnason, a la cadena pública RÚV. Más de 19.000 personas (más de un 5% de la población) ha completado una cuarentena de dos semanas, y casi el 60% de los positivo ya estaban aislados cuando fueron diagnosticados, lo que “resalta la efectividad de las medidas para combatir la propagación de la enfermedad”, según resalta el Gobierno.

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Katrín Jakobsdóttir, Primera Miniestra de Islandia. (Foto: NordForsk, Wikimedia Commons)

"Nos ha sorprendido gratamente la rápida desaceleración de la pandemia en Islandia”, admite Gudnason. Ante esta evidente mejoría, el Gobierno ha empezado a levantar algunas de las restricciones implementadas a mediados de marzo, cuando tenía menos de 200 casos confirmados y ningún fallecido.  Las guarderías y escuelas de primaria no han cerrado en ningún momento, pero sí que se prohibieron las actividades deportivas y los institutos y universidades ya han reabierto.

A la primera fase de tests masivos para detectar el virus le sigue ahora una segunda etapa para detectar la presencia de anticuerpos entre la población general para intentar determinar la prevalencia de la infección. El primer paso será pedir una muestra voluntaria de sangre a quienes vayan a hacerse extracciones para otros propósitos, según ha explicado Gudnason, que calcula que menos del 5% de los islandeses se ha contagiado. “Hemos tenido mucho éxito en parar la propagación del virus”, insiste, lo que supone que la gran mayoría de la población sigue siendo vulnerable ante un eventual rebrote.

Por este motivo el Gobierno prevé que la apertura sea gradual, probablemente durante todo el verano, lo que levanta dudas entre el sector turístico, que aporta alrededor del 40% de los ingresos por exportaciones del país.

5. Noruega

Modelo mundial en seguridad, salud y educación, Noruega es considerado por muchos un paradigma de estado de bienestar. Ha sido de los primeros en reaccionar a la eclosión del coronavirus en el viejo continente, pese a encontrarse lejos del epicentro del brote. Mientras algunos de sus vecinos europeos se mostraban reacios a aplicar medidas drásticas, Noruega ha impuesto normas severas desde fases tempranas de la pandemia.

Cuando Italia ordenó el cierre de negocios el 12 de marzo con 12.839 casos confirmados, a saber, 212 enfermos por cada millón de habitantes (ppm), los noruegos anunciaron una medida similar con 702 positivos (132 ppm). España suspendió el Tratado de Schengen y clausuró sus frontereas el día 17, cuando registraba 11.748 infectados (252 ppm). El país nórdico lo hizo un día antes, con 1.333 en total (251 ppm).

El coronavirus eclosionó en Noruega el 26 de febrero. Una mujer residente en la localidad de Tromsø dio positivo después de regresar de China la semana anterior. El mismo día, el Instituto Noruego de Salud Pública (FHI) llamó a la calma, explicó que estaban rastreando los posibles contactos previos y anunció que existía un bajo peligro de infección. La mujer se sometió a cuarentena voluntaria en su propio domicilio.

“Estamos trabajando para evitar que muchas personas se contagien al mismo tiempo con el fin de mantener nuestro objetivo de que cada residente en Noruega pueda recibir atención médica sólida. El servicio de salud está preparado, pero será una situación exigente si no logramos mantener el número de infectados en un nivel moderado”, anunció entonces el ministro de Salud noruego, Bent Høie. 

¿Qué medidas se han adoptado?

“Las guarderías, escuelas primarias y secundarias, colegios técnicos y universidades del país quedan suspendidos”, anunció la primera ministra el 12 de marzo. El Ejecutivo también ordenó el cierre inmediato de peluquerías, gimnasios y piscinas y prohibió la celebración de eventos culturales y deportivos. Todos los establecimientos del sector hostelero tuvieron que cesar su actividad, incluidos bares, pubs y discotecas, con excepción de los comedores y restaurantes que pudieran garantizar a los visitantes mantenerse a un metro de distancia.

Asimismo, la Dirección de Salud de Noruega (SHdir) desaconsejó encarecidamente los viajes de ocio, recomendó evitar el transporte público e instó a las empresas a que adoptaran el teletrabajo. La institución, dependiente del Ministerio de Salud, también pidió limitar el contacto cercano con personas de los grupos de riesgo.

Las autoridades noruegas endurecieron sus medidas el sábado 14 de marzo, apenas 48 horas después de dictar las primeras normas. En ese espacio de tiempo, el país había pasado de 702 casos confirmados a 1.090. El Gobierno de Solberg decidió entonces decretar el cierre temporal y parcial de fronteras, puertos marítimos y aeropuertos a partir del lunes 16. Solo los ciudadanos con nacionalidad noruega o con permiso de residencia podían entrar en el país nórdico, que comparte divisoria con SueciaFinlandia y Rusia. No se prohibió el tráfico de mercancías.

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La primera ministra de Noruega, Erna Solberg. (Foto: Kjetil Ree, Wikimedia Commons)

¿Cuál es la situación actual?

La crisis generada por la COVID-19 y la consiguiente caída del precio del petróleo han golpeado con dureza la economía de Noruega, principal exportador de crudo y gas de Europa occidental. En una semana,  el índece de paro se ha disparado un 128%, pasando del 2,3 al 5,3%. Su divisa, la corona noruega, ha perdido un tercio de su valor respecto al dólar, la mayor depreciación en las últimas tres décadas. Y su fondo de pensiones estatal, el más grande del mundo, se ha reducido una quinta parte desde finales de año.

El Banco Central de Noruega (Norges Bank) declaró el viernes pasado una bajada de 0,75 puntos porcentuales de los tipos básicos de interés, hasta el 0,25%. Un día antes, anunció que estudia intervenir en el mercado para comprar coronas noruegas, hecho cuyo último precedente se remonta a 1999, dos años antes de que el país escandinavo abandonara el cambio fijo por uno fluctuante. El Gobierno también ha aprobado ofrecer garantías de crédito a empresas y, en especial, un rescate a sus aerolíneas.

6. Nueva Zelanda

El primer caso confirmado de COVID-19 se registró el 28 de febrero en Nueva Zelanda. La enfermedad no avanzó mucho en las siguientes dos semanas, con solo seis contagios registrados hasta el 14 de marzo.

Aun así, la primera ministra Ardern ordenó ese día que todo viajero que llegara a su país, nacional o extranjero, se pusiera en cuarentena por 14 días sin excepciones, así como el veto a los cruceros, un movimiento difícil para un país muy vinculado al turismo.

La mandataria dijo que su plan incluía "las restricciones fronterizas más amplias y duras de cualquier país del mundo", pero eso era solo el comienzo. Para el 19 de marzo llegó el cierre total de fronteras.

Unos días después presentó el sistema de alertas de cuatro niveles, que para ese momento ya estaba en el 2, y el cual incluía también el cierre de cualquier espacio donde se reunieran más de 100 personas y la petición de quedarse en casa para ancianos y personas inmunodeprimidas.

Para el 23 de marzo, Nueva Zelanda superó los 100 casos en menos de un mes (sin ninguna muerte todavía) y aplicó el nivel 3 de su respuesta a la pandemia.

"Estamos yendo duro y temprano", dijo Ardern a sus ciudadanos. "Solo tenemos 102 casos, pero también Italia los tuvo una vez".

Dio un plazo de 48 horas para la activación del nivel 4, llamado "eliminación", el cual estableció la cuarentena obligatoria para los 4,8 millones de habitantes del país por cuatro semanas.

Eliminar la curva y no aplanarla, esta es la exitosa estrategia de Nueva Zelanda, "la más estricta del mundo" contra el coronavirus.

Nadie podía dejar su casa, a menos de que uno de sus habitantes saliera para comprar víveres, medicinas o acudir al médico.

Solo estaba permitido hacer ejercicio o tener esparcimiento en los alrededores de casa.

También se dio la cancelación total de actividades no esenciales, lo que implicaba el cierre de escuelas, comercios (exceptuando los de víveres y farmacias), industrias y servicios.

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 Jacinda Ardern, Primera Ministra de Nueva Zelanda. (Foto: New Zealand Labour Party, Wikimedia Commons)

Además de las campañas sobre lavado de manos y distanciamiento social, uno de los elementos que se han destacado de la estrategia de Nueva Zelanda fue la socialización en la "burbuja" de contactos.

A los neozelandeses se les ha pedido mantener el contacto solo con las personas que viven en sus casas, familiares o conocidos, y con ellos practicar todo tipo de actividades sociales para lidiar con el encierro.

Nueva Zelanda tiene varios factores a su favor que le han facilitado la contención del virus, como el ser un país compuesto por dos islas mayores que fácilmente se pueden cerrar, así como tener una población relativamente pequeña para atender, menos de 5 millones de habitantes.

También su sólida economía que ha permitido canalizar paquetes de ayuda, tanto para empresas como para residentes, que le han permitido a su población mantenerse en cuarentena y prepararse para el impacto de la falta de turismo.

Estas condiciones pueden ser difíciles de encontrar en otros países para aplicar la estrategia de la "eliminación".

No obstante, la primera ministra Ardern también ha sido elogiada por el manejo de la emergencia.

Ha permanecido en contacto con la población durante el brote, abordando el impacto del encierro en la vida social y el bienestar mental de las personas, al tiempo que se ha abierto al escrutinio de la oposición.

Ha estado regularmente en Facebook, sonriendo y compartiendo fragmentos de su vida personal, pero nunca menospreciando la gravedad de la situación al responder las preguntas de las personas.

"Sé fuerte. Sé amable" es el lema con el que la primera ministra ha terminado casi todas sus apariciones públicas.

La primera ministra también se ha confinado en su vivienda, pero ha sostenido comunicación con la gente a través de redes sociales.

"Desde el principio, ha comunicado con cuidado y calma muchos problemas de salud complejos en torno a la COVID-19 allanando el camino para las decisiones del gobierno", dice a la BBC Sarah Robson, periodista de Radio Nueva Zelanda.

Por último, se ha creado un comité de respuesta a la pandemia integrado por dos terceras partes de miembros de partidos opositores, y el otro tercio de funcionarios y legisladores afines.

7. Taiwán

Ubicada a tan solo 180 kilómetros de la costa de China continental, Taiwán se encuentra en una de las áreas de mayor riesgo de expansión del coronavirus por su proximidad, sus vínculos y sus comunicaciones con el epicentro de la pandemia. A finales de enero, registraba el segundo número más alto de casos en el mundo, según el balance de la Universidad John Hopkins. Sin embargo, su gran capacidad de reacción ha conseguido contener el brote por debajo de la decena de fallecidos y proteger a las 24 millones de personas que viven hacinadas en una isla más pequeña que Extremadura.

Hoy, la gestión taiwanesa recibe elogios de todo tipo. Presidentes, científicos y organizaciones internacionales ponen su diligencia como ejemplo de cómo frenar una epidemia con restricciones tempranas, cuarentenas eficaces y ‘trackeos’ electrónicos en tiempo real. Pero hay una institución que se resiste a reconocer el éxito de la isla y que incluso evita pronunciar su nombre: la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los reveses políticos con China, que la considera parte de su territorio, impiden la participación de Taiwán en organismos de la ONU, pese a que consigue funcionar con su propio Gobierno.

Con un bloqueo diplomático a sus espaldas, la pequeña isla ha tenido que arreglárselas sin los datos y recursos científicos que ofrece la OMS. El conflicto, que circula en ambas direcciones, también obstruye a Taiwán a la hora de asistir, orientar y compartir su experiencia con los países más afectados. La falta de acuerdo no desaparece ni en tiempos de pandemia. Una vez más, la geopolítica levanta muros que truncan la respuesta global a una crisis.

¿Cuándo se detectó el primer caso?

La eclosión del brote se confirmó el 21 de enero en el aeropuerto internacional de Taoyuan, cuando una mujer dio positivo tras volver de trabajar de Wuhan, ciudad origen de la pandemia. Una semana después, el día 28, la isla entró en la fase de contagios comunitarios. El primer fallecimiento por COVID-19 se reportó el 16 de febrero.

Para hacerse una idea, Australia y Taiwán son archipiélagos con poblaciones de tamaño similar, que mantienen fuertes vínculos comerciales con China continental y que no limitan por tierra con ningún país –lo que permite controlar mejor el tráfico fronterizo.

El 25 de enero, registraban cuatro casos de COVID-19 cada uno. Tres meses después, a 25 de abril, Australia suma 6.692 infecciones y 80 muertes, mientras que Taiwán, con una densidad demográfica de las más altas del mundo, cuenta 429 enfermos y 6 defunciones. No se trata de preguntarse en qué ha fallado la nación anglosajona, que no se encuentra ni entre los 40 primeros países en casos totales, sino cómo ha logrado su homóloga asiática controlar la propagación del virus de una forma tan eficaz.

En su informe oficial más reciente, Taiwán volvió a anunciar buenas noticias: 11 nuevas altas médicas –hasta un total de 275– y tan solo un positivo en 24 horas. Sus 429 casos confirmados se traducen en menos de 18 diagnósticos por cada millón de habitantes.

¿Qué medidas se han adoptado?

El éxito de Taiwán proviene en gran parte de las lecciones aprendidas del brote de SARS en 2003. De esta epidemia, que provocó 181 muertes y la cuarentena prolongada para más de 150.000 personas, nació la idea de crear el Centro Nacional de Comando de Salud (NHCC) en 2005. Esta institución, dependiente del Ministerio de Salud, incorpora a su vez el Centro de Comando de Epidemia Central (CECC), una división que se activa en situaciones excepcionales y que permite implementar medidas estrictas de forma rápida y coordinada, evitando los largos procesos políticos requeridos en circunstancias normales. El Gobierno lo utilizó por primera vez en la pandemia de gripe A de 2009 y lo volvió a hacer el pasado 20 de enero, un día antes de registrarse la primera infección en la isla. Según un informe del Journal of teh American Medical Association (JAMA), ha servido para adoptar 124 medidas urgentes en las tres primeras semanas. Taiwán cuenta además con uno de los mejores sistemas públicos de salud del mundo.

En la larga lista de medidas tempranas figuran decisiones como la cancelación de vuelos y cruceros, la realización de pruebas en masa o la cuarentena obligatoria de los enfermos potenciales. Igualmente, se pusieron en marcha campañas de concienciación sobre higiene personal y se anunciaron multas contra la difusión intencionada de bulos. El Gobierno, además, intervino el precio de las mascarillas y aumentó su producción para garantizar un suministro local. También cerró puntualmente algunos colegios y destinó ayudas económicas para las empresas más perjudicadas por la epidemia. Antes de cumplirse un mes de la eclosión del patógeno, la isla ya había implementado todas estas normas.

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La presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen. (Foto: Wikimedia Commons)

Pero de entre todas las políticas aplicadas en la isla, destaca un grupo de medidas que llaman especialmente la atención: las de la denominada "cerca electrónica". A la semana de detectarse el primer caso en Taiwán, el Gobierno fusionó los datos del seguro nacional de salud con los de aduanas e inmigración para localizar a los posibles infectados e identificar rápidamente los focos de contagio. Después, las autoridades entregaron teléfonos móviles a las personas en cuarentena domiciliaria y empezaron a monitorizar sus movimientos. Con esta cerca electrónica, la policía local recibe una alarma cada vez que se apaga el terminal, se pierde la señal o se detecta que el usuario ha abandonado el perímetro permitido. Para asegurarse de que no se evita el seguimiento, las autoridades establecen dos llamadas al día en horas aleatorias. “El objetivo es evitar que las personas corran y propaguen la infección”, explicaba a Reuters el jefe del Departamento de Seguridad Cibernética, Jyan Hong-wei, responsable de coordinar el trabajo con los operadores de telecomunicaciones.

Combinando ‘big data’ y seguridad, Taiwán se ha puesto a pie de guerra contra el coronavirus y ha aplicado métodos de vigilancia estricta a tono con otros vecinos del continente asiático como Corea del Sur, Singapur, Tailandia o China. La reacción eficaz del Gobierno ha permitido controlar la epidemia en una fase muy temprana y aplanar pronto la curva, ahorrando a la presidenta, Tsai Ing-wen, tener que recurrir a las medidas draconianas de confinamiento general, de cierres patronales y de largas suspensiones de clases que se aplican en la mayoría de los países de Europa. Hoy, la isla se encuentra en un proceso escalonado de retorno a la normalidad y se ha convertido en  proveedor de mascarillas para multitud de países.

¿Cuál es la situación actual?

El bloqueo a Taiwán de foros internacionales se ha trasladado también a la crisis del coronavirus. La isla ha sido excluida de las reuniones multilaterales, no ha tenido acceso a los informes científicos sobre la emergencia sanitaria y ha tenido dificultades para participar en una respuesta coordinada entre países. “Queremos ayudar, enviar a nuestros excelentes médicos, investigadores, enfermeras, y compartir nuestro conocimiento y experiencia con los países que lo necesitan”, expresó en marzo el vicepresidente taiwanés, Chen Chien-jen, epidemiólogo de profesión y formado en la Universidad John Hopkins “Queremos ser un buen ciudadano global y hacer nuestra contribución, pero en este momento no podemos hacerlo”, aseveró.

Conclusiones

Con todo este análisis, toca ahora hacer una crítica constructiva y copiar las claves del éxito del control de la pandemia en estos países. Cierto es que ya llegamos demasiado tarde para la implementación de algunas medidas, pero todavía estamos a tiempo de aprender de los errores para afrontar con mejores medios y con mayor rapidez un posible rebrote en otoño o incluso pandemias futuras.

Vaya por delante mi admiración a todas ellas por haber salvado tantas vidas con su buena gestión, pero también hay que tener en cuenta otros factores que juegan a su favor (nivel económico, modelo sociocultural, características demográficas...) que no son menospreciables a la hora de valorar sus excelentes resultados.

Personalmente, y sin entrar en ideologías políticas ni en la lucha de sexos, me pregunto: ¿España hubiera manejado mejor esta crisis si hubiéramos tenido una mujer liderando el Gobierno?

Ahí queda esta reflexión, pero me temo que la solución no es tan fácil. Como bien sabemos, solo UNIDOS y con RESPONSABILIDAD, superaremos esto.

ÁNIMO, FUERZA Y... ¡SALUD, MUCHA SALUD!

Autora: Elena García Olivares. Profesora de Matemáticas y Secretaria del I.E.S Jorge Manrique. 

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