El Zurriburri

"La revista digital del Manrique cultural"

Zurriburri Nº 0048. Por un mundo más sano.

(domingo 21 de junio de 2020)

 “El SARS-CoV-2 ha sido creado como excusa para vacunar a la población mundial e implantarle microchips con el único fin de controlarla”

 (MIGUEL BOSÉ)

“Tiempo de coronavirus y sufrimiento, ¿por qué permite Dios esto? ¿Es voluntad de Dios? No. Las fuerzas oscuras del mal. En cada generación aparece el anticristo y aquellos que le sirven con gran poder, queriendo usurpar el nombre de Dios. Miedo habrá del mal, miedo a causar miedo a otros, pero nunca miedo a hacer el bien, nunca el mal triunfará sobre el bien. Jamás, no puede. Las tinieblas no pueden sobre la luz. ¿Por qué ya en las Olimpiadas de Londres se anuncia el coronavirus? Aquellas imágenes de los féretros ya entonces. Por qué Bill Gates, Soros, anuncian hace años que se avecinaba el coronavirus. ¿Cómo ha venido esto, con qué motivo? Y quieren también controlarnos cuando se encuentre la vacuna con un chip en cada uno de nosotros para controlar nuestra libertad. ¿Pero qué se han creído? Esclavos y servidores de Satanás. No les tengáis miedo."

 (JOSE LUIS MENDOZA, Presidente de la Universidad Católica de Murcia)

Después de una semana de excéntricas declaraciones sobre las vacunas, me gustaría poder aportar algo de información ante tanta desinformación y despropósito para poder desmontar así algunas de las teorías conspirativas en contra de algo tan valioso para la humanidad como es la vacunación.

Empecemos con el significado de la palabra INMUNE. En el siglo XIV, la palabra inmune sólo significaba “libre de impuestos”. No fue hasta 1879 que Pasteur recuperó otra raíz latina muy similar pero de diferente origen, para reconstruir el adjetivo. Se trata del verbo latino munio, munire (fortificar, reforzar) relacionado con la palabra moenia (muralla) y el prefijo in (desde el interior). Así el adjetivo inmune, significa “internamente reforzado, protegido”.

Otro importante concepto en el origen y la historia de la vacunación es la VARIOLIZACIÓN.

 La variolización (inoculación deliberada en individuos sanos de preparados de lesiones de enfermos de viruela con el fin de protegerlos frente a esta enfermedad) fue el primer intento de prevención de la viruela. Aunque proporcionaba algunos buenos resultados, era peligrosa pues podía producir viruela en algunos casos. A pesar de ello, a falta de nada mejor, a finales del siglo XVIII esta práctica se había extendido en Europa.

En estas circunstancias se produjo el fundamental hallazgo del médico inglés Edward Jenner (1749-1823). Jenner, que practicaba la variolización (de hecho, él mismo fue variolizado de niño), se dio cuenta que las personas que habían sufrido la viruela de las vacas (o “viruela vacuna”), una infección benigna adquirida por contacto con vacas infectadas, no enfermaban de viruela cuando recibían pus de un enfermo varioloso. En 1796 inoculó pus de una pústula de una mujer que trabajaba como lechera en una granja, y que estaba afectada por viruela vacuna, a un niño, de nombre James Phipps, y 18 días después inoculó a este niño pus de viruela humana. El niño permaneció sano, sin síntoma alguno de la terrible enfermedad. Este fue el primer niño “vacunado”, al cual siguieron 22 más, demostrando en todos ellos la protección conferida por la viruela vacuna (virus “vaccinia“) frente a la viruela humana (virus “variola“).

Jenner

Figura 1. Jenner realizando su primera vacunación en James Phipps, un niño de 8 años. 14 de mayo de 1796.

La publicación de estos resultados en 1798 causó gran impacto en Europa y América. Jenner inventó así las vacunas, cuyo nombre deriva del bóvido hospedador del virus de la viruela vacuna, y por ello la práctica de administrar vacunas, generalizada a otras enfermedades con Pasteur, se conoce como vacunación. Pocos hallazgos científicos han producido tanto beneficio a la humanidad como este.

Del hallazgo de Jenner a la erradicación final de la viruela median 183 años de vicisitudes, avances y estancamientos, aciertos y fallos. Sin embargo, ningún éxito se hubiera logrado sin antes conseguir extender la vacuna por el mundo, lo cual planteaba desafíos logísticos de primer orden. El primer intento serio y conscientemente planificado de extender la vacuna por amplios territorios abarcando varios continentes partió de España, y fue llevado a cabo con éxito por la “Real Expedición Filantrópica de la Vacuna”, o “Expedición Balmis”.

La viruela era un gravísimo problema sanitario en las entonces colonias españolas en ultramar, desde donde se demandaba el fluido vacunal con impaciencia desde 1800. De hecho, llegaron fluidos vacunales (conservados entre cristales planos sellados) a América antes de la expedición, pero con desigual acierto en su aplicación.

cartel vacunación contra la viruela

Figura 2. En 1796 Edward Jenner inició lo que posteriormente daría lugar a la vacuna: un ensayo con muestras de pústula de la mano de una granjera infectada por el virus de la viruela bovina, y lo inoculó a un niño de ocho años.

Para lograr distribuir la vacuna por los territorios españoles de ultramar, ésta debía recorrer grandes distancias atravesando océanos. Su conservación en óptimo estado durante toda la singladura era un tema de suma importancia. El mero embalaje entre cristales sellados no garantizaba su conservación tan largo tiempo. En marzo de 1803 (tan sólo 5 años después de la publicación de los trabajos de Jenner) comienza a gestarse la expedición por iniciativa del Consejo de Indias, que pide informes sobre la viabilidad del proyecto. Se trataba de llevar la vacuna, pero también hacer llegar los medios y la información necesaria para instruir a los médicos locales para que administraran la vacuna de forma efectiva a la población, y crear “Juntas de vacunación” en las capitales para que se encargasen de asegurar la conservación del fluido vacunal activo y su propagación, con el fin de garantizar un suministro estable del mismo. El Rey Carlos IV, cuya hija, la Infanta María Luisa, había padecido viruela, era muy partidario de la vacunación, e hizo lo necesario para respaldar la expedición y a su director, publicando un edicto para atender las necesidades de la expedición en todos los territorios por donde iba a desarrollar su misión, y financiando la misma.

En pocos meses se gestó la que una de las mayores contribuciones españolas a la historia de la medicina. El Rey Carlos IV nombra a su cirujano honorario Francisco Javier Balmis director de la expedición, quien propuso incorporar niños “que no hubieran pasado la viruela” para vacunarlos sucesivamente durante la travesía y conservar así el fluido vacunal. Balmis igualmente eligió a las personas que tomaron parte en la expedición, compuesta de un subdirector (José Salvany), dos ayudantes, dos practicantes y tres enfermeras, además de los 22 niños, todos varones, de entre 3 y 9 años.

 

Expedición Balmis

Figura 3.

¿Y qué pasó con los niños? En cada puerto se reemplazaban: los que ya habían portado la vacuna desembarcaban, siendo reemplazados por otros. No siempre eran huérfanos. Algunos fueron cedidos por sus familias (recibiendo a cambio una compensación económica), y en uno de los trayectos (La Habana-Sisal) fueron esclavos los que transportaron la vacuna. Sería bonito decir que todos estos niños fueron repatriados, pero no se tiene certeza de su destino final. Balmis solicitó para ellos el compromiso de la Corona de que serían atendidos en cuanto a su cuidado, manutención, educación y empleo, pero al parecer esta petición no fue debidamente atendida.

La expedición Balmis se enmarca dentro de las grandes expediciones científicas de la época de la ilustración, pero con una singularidad, y es que su misión es fundamentalmente sanitaria. Por ello se la considera la primera expedición sanitaria internacional, y es la precursora de la sanidad internacional. En cada lugar que visitaba, la expedición no solo lograba vacunar directamente a miles de personas, sino que instruía al personal sanitario para que pudieran continuar la labor una vez partieran los expedicionarios. Más aún, se establecieron “Juntas de vacunación”, que velarían por que perdurara la práctica correcta de la vacunación en las poblaciones bajo su tutela. La acción que se inició con la expedición fue una profunda y perdurable red de servicios de vacunación. Gracias a ella se sentaron las bases de lo que en un futuro sería la erradicación mundial de la viruela.

Dos siglos después, y a pesar de su importancia histórica, esta expedición no es conocida como merece en España, no obstante hay algunos buenos libros publicados (la escritora madrileña Almudena de Arteaga contó en 2010 esta increíble historia, tan sorprendente como poco conocida, en la novela «Los ángeles custodios») celebraciones de bicentenarios y algunas placas y estatuas conmemorativas. Para intentar remediar al menos en parte esta “amnesia”, se ha rodado una miniserie de televisión titulada “22 ángeles“, en la que se rememora la épica expedición Balmis.

 Cartel serie expedición Balmis

Figura 4. Haciendo clic en la imagen se accede a la película 22 ángeles.

 Es una buena ocasión no sólo para recordar a aquellos héroes, sino para reflexionar sobre la importancia de las vacunas en la prevención de las enfermedades infecciosas.

Estatua conmemorativa expedición Balmis

Figura 5. Estatua conmemorativa de los niños de la Expedición Balmis (A Coruña).

No fue hasta 1980 en que la OMS considera la viruela erradicada dejando por el camino unas 300 millones de muertes.

Sirva este artículo como homenaje a todas las víctimas de enfermedades contagiosas que han tenido lugar a lo largo de la historia, especialmente a las que se nos han ido recientemente por la pandemia del COVID-19.

Y no me queda nada más que decir, salvo que recibamos con alegría y prudencia la “nueva normalidad” y que esperemos con ilusión y confianza la nueva vacuna

que, no pretende controlar a la humanidad sino SALVARLA.

Muñeco vacunación

Autora: Elena García Olivares. Profesora de Matemáticas y Secretaria del I.E.S Jorge Manrique.

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