El Zurriburri

"La revista digital del Manrique cultural"

Zurriburri Nº 0077. Un atisbo de libertad.

(martes 8 de junio de 2021) 

 

Según el diccionario etimológico: “La palabra libertad viene del latín libertas,  libertatis. No hay una total uniformidad radical para expresar esta idea.” 

Para mí la libertad es un estado de relax, un momento de tranquilidad, sin  presiones y sin preocupaciones. Es poder apartar todos mis problemas y  obligaciones por un rato de la mente y observar los detalles que me rodean. Sin  embargo eso es solo un atisbo de la idea entera. La libertad no es un concepto en  sí. Por eso creo que cada persona tiene su propia opinión sobre este término. No  tiene ningún significado en concreto. 

Todos los sábados por la mañana, salgo de casa y me dirijo al parque de mi  barrio. Un lago lleno de patos; pinos, robles y encinas lo rodean. Familias  sentadas sobre el verde césped, parejas paseando de la mano. Siempre me siento en el mismo banco de madera viejo y sucio. Durante una hora me quedo ahí y  pienso. 

Mi mayor pasatiempo es imaginarme la vida de las personas por su apariencia, leer su mirada e intentar indagar bajo su fachada. Los detalles más imperceptibles son los que te hacen entender a las personas. Hay muchos ejemplos que uso para explicarlo. Los informáticos, ellos descifran códigos, desmontan un gran programa en partes diminutas y trabajan en ellas una por una. También están los arquitectos, éstos miden cada centímetro minuciosamente. Si no se percatan de un ángulo mal medido, eso podría causar grandes estragos. Con las personas es igual, es como un puzle, pieza por pieza se crea la imagen completa.  

Decido empezar con mi juego mañanero y busco a mi primera víctima. Una anciana, sentada a mi derecha. Está viendo jugar a unos niños pequeños con sus padres. Podría estar pensando en muchas cosas, pero algo en la forma en la que sus ojos brillan con nostalgia y deseo me dice que probablemente esté pensando en alguien que echa de menos. Más específicamente sus nietos. Probablemente sus hijos y nietos viven lejos de aquí y no la visitan muy a menudo. Estará pensando cómo ellos crecen a la velocidad de la luz y que se está perdiendo los momentos más importantes de su joven vida. Sus ojos albergan más tristeza que alegría. La anciana se sentirá como un mueble: usado, viejo y apartado. Entonces pienso en qué será la libertad para ella. Ver a sus nietos siempre que quiera y sentirse querida y necesitada por sus hijos. Puede que observar a otros niños jugar en el parque sea suficiente para ella. 

Delante a mi izquierda hay dos personas haciendo un picnic. Al verlos por primera vez seguramente piensas en la bonita pareja que hacen y cómo se complementan.  Desde mis ojos parecen más hermanos que enamorados. La chica está atrapada en la comodidad y seguridad que le ofrece una relación estable. Pero está claro que dentro tiene un mar de dudas, observa el resto de las parejas paseando y se plantea si su novio la miró con esos ojos de enamorado alguna vez. Quiere vivir una aventura, ser espontánea y creativa. Supongo que todos hemos tenido ese lugar seguro pero aburrido. El hombre sin embargo se esconde. Cree que nadie se da cuenta, pero mientras la chica mira las nubes con esos ojos perdidos y sus pensamientos complejos, él observa a un grupo de chicos jóvenes con más interés que a la mujer delante de él. Miradas cómplices son tiradas como cartas de amor.  

Claramente su relación es una fachada, un frente para el ojo público. Tendrá miedo a ser juzgado, lleva toda su vida fingiendo ser alguien que no es. Son una pareja de polluelos, novatos en un mundo de hipócritas. Viven bajo el calor del nido, escondidos de los depredadores. Han buscado consuelo entre ellos, pero dentro de poco ambos tendrán que salir del nidal y vivir en el mundo real. La libertad no es algo con lo que se nace. Nunca serás libre si no te aceptas a ti mismo, dejas claros tus sueños y metas. La libertad es algo que se busca, se trabaja y se gana.  

Salgo de mi ensoñación por un toque en el hombro. Giro en la dirección y veo a la misma anciana de antes. Entonces me doy cuenta de la melodía de mi móvil en el bolso. Sabiendo las intenciones de la mujer le doy un corto agradecimiento antes de aceptar la llamada. Al colgar después de un rato, suelto un suspiro y cierro los ojos. Noto todos los sentimientos negativos disiparse. Por primera vez desde hace meses hay algo nuevo en mí: paz. Con una última ojeada al parque, me levanto del banco, no sin antes sonreírle a la mujer que tengo al lado.  

Mientras voy de camino a mi apartamento, no dejo de pensar en cómo estos momentos en el parque me han ayudado a sobrellevarlo todo mejor. Ese banco viejo y sucio me ha brindado la esperanza y tranquilidad que no encontraba en casa. Solo ahí podía imaginarme mi futuro. Cincuenta años más tarde viendo a mis nietos jugar y contándoles historias sobre mis viajes y aventuras.  

Al entrar por la puerta, solo puedo pensar en estos meses de condena. Seis meses de limitaciones. Lo primero que hago es quitarme el pañuelo. Mi cabeza está cubierta por una fina y corta capa de pelo. La ropa ancha cubre mi cuerpo delgado, mis costillas sobresalen y los músculos me duelen. Eso es lo que te hacen seis meses de quimioterapia. He luchado contra el cáncer y he ganado.  

La gente piensa que te esclaviza, te quita tu futuro y hace añicos tus planes. Es mentira. Si le saco el lado positivo a esto, me ha ayudado a priorizar mis metas.  En vez de rendirme, esto solo me ha dado fuerzas para superar esta batalla y cumplir mis sueños. El cáncer no me ha quitado la libertad, solo me ha complicado un poco más el camino. 

Nota de la autora. La libertad también consiste en escribir lo que tu mente te dicta, sin miedo a la censura o al fracaso.

Autora: Carmen Sánchez-Oro Aguado, alumna de 4º de ESO del I.E.S. Jorge Manrique.. Ha obtenido el primer premio en el Concurso Literario 2020-21 (en la categoría 3º y 4º ESO), organizado por el Departamento de Lengua y Literatura.

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